sábado, 1 de noviembre de 2008

Los últimos, ¿serán los primeros?

"La historia la escriben los vencedores" es un refrán tan conocido como cierto. Esta frase, empleada generalmente por derrotados políticos de batallas memorables, puede utilizarse en muchos aspectos y hasta podría retratar la historia del fútbol criollo. Siempre detrás de grandes conquistas, campeones invictos y equipos imbatibles, hay fracasos, decepciones y derrotas humillantes, que pocos, o casi nadie, recuerda.

Por los 112 campeonatos oficiales disputados desde 1931 -comienzos del profesionalismo- pasaron infinidad de equipos por la máxima categoría del fútbol local. Sin embargo, hubo uno que dejó su huella allá por 1939 como el peor equipo de la historia. Lamentablemente, ese "orgullo" recayó sobre Argentino de Quilmes, quién, luego de ascender, realizó la peor campaña de un equipo argentino en su única temporada en la Primera División. Ni siquiera tuvo el placer de conocer la victoria, ya que perdió 30 partidos y empató los restantes cuatro. Cosechó sólo cuatro puntos en 34 encuentros, con una catastrófica efectividad del 5, 88% de los puntos en juego. Recibió un total de 148 goles, un promedio de 4, 35 por partido. Las peores goleadas las recibió por parte de Platense y Lanús (por ocho a cero) y otras siete veces le anotaron siete. Al finalizar el campeonato, el conjunto que más cerca tuvo fue Ferro, pero a 11 puntos de diferencia. Su primer alegría en aquella pésima campaña la tuvo recién en la octava fecha, al empatar en un gol ante Rosario Central, de local.
Los comienzos de Argentino de Quilmes se remontan a 1899, cuando fue fundado en contraposición a Quilmes Athletic Club. Un grupo de estudiantes, cansados de no poder participar y ser discriminados por los ingleses de Quilmes, decidieron bautizar su propio club. De ahí su nombre argentinizado y su apodo, "Los criollos". Se diferenciaron al ofrecer mate cocido y bizcochitos en vez del té característico de su rival de barrio. Pronto fueron identificados también como "El mate". Tuvieron el honor de ser el primer equipo en utilizar una camiseta celeste y blanca a bastones, inclusive antes que la Selección. En 1938 Argentino se ganó el derecho a participar por primera vez en la máxima categoría luego de vencer, justamente, a su clásico enemigo en la final. Todo era alegría por aquel entonces. Nadie imaginaba lo que sucedería después.
Pese a la indeseada campaña, sus directivos no se quedaron de brazos cruzados. Uno de ellos, delegado del club, envió una carta a la AFA solicitando modificar el descenso para aquellos equipos que ascendieron y exigía que vuelvan a la B cuando hubieran ocupado el último puesto por segunda vez consecutiva. No tuvo éxito. Juan Batle, socio vitalicio, recordó aquella campaña: "Al principio, las goleadas ni las sentíamos, porque todavía nos duraba la alegría del ascenso. Pero a la tercera vez que nos hicieron 5 goles ya nos cambió el humor. Con el tiempo nos fuimos acostumbrando y cada empate se festejaba como una hazaña. La gente dejó de ir a la cancha y recién volvió en los partidos finales, nadie se quería perder lo que podía ser la última vez de ver al Mate en Primera". Y así fue, Los Criollos nunca regresaron a compartir la división con los grandes del fútbol. No sólo los resultados se le escaparon a Argentino, lo mismo sucedió con miles de socios, quiénes, debido a la desastrosa campaña, decidieron romper el carnet, originando así una cuantiosa deuda que el club tuvo que afrontar durante muchos años. Actualmente, Argentino de Quilmes milita en la Primera D, siendo uno de los equipos con mayor presupuesto y convocatoria de la categoría. El Mate figura entre los máximos candidatos al título junto a Liniers, Midland y Lugano.
Más atrás en la historia hubo otro equipo que nunca ganó en la temporada. En el campeonato de la Federación Argentina de Football de 1912, Sociedad Sportiva Argentina perdió los 14 partidos que disputó. Hizo apenas seis goles y recibió el quintuple, 30. A su favor, figura que no se presentó a tres partidos, no se sabrá si por verguenza o debido a qué motivo.
Pero hubo más clubes que no conocieron la victoria en su permanencia en Primera. Atlético Santa Rosa, de La Pampa, jugó solamente seis partidos en el Nacional 83 y los perdió todos. Sin embargo, tal presencia es motivo de orgullo para los pampeanos, la foto de aquel plantel aparece en la página de inicio de su portal de internet (www.atleticosantarosa.com). El himno de los Albos (tal como se los denomina a los seguidores de Atlético Santa Rosa) expresa lo siguiente: "A jugar, a luchar y poner el corazón por ganar porque así, vibrará la tribuna con el grito triunfal Santa Rosa, Santa Rosa. Adelante Santa Rosa, alma y fibra de campeón, por el triunfo de los albos lucharemos con tesón. A luchar, a jugar para ver nuestra divisa flamear con afan de verdad, goles albos y a triunfar". Poco, o casi nada de eso, se cumplió en aquella campaña. Atlético Uruguay, de Entre Ríos, empató uno y perdió seis en el Nacional 84, convirtió dos goles y recibió 24. Por su parte, en lo que sería una dura ofensa al prócer argentino, el equipo Mariano Moreno, de Junín (Provincia de Buenos Aires), disputó 16 partidos en el Nacional 82, de los cuales empató dos y perdió 14, sacudió la red en once oportunidades, siete de los goles fueron marcados por Pinino Más, quién se despedía de las canchas. Independiente de Trelew, en el Nacional 82, empató tres y perdió diez. Sin embargo, lo curioso de aquella campaña fue que en la derrota por ocho a cero frente a River en el Monumental, su arquero fue calificado con un nueve, distinguiéndose como la figura del partido. De ahí se denota la diferencia entre un equipo y el otro. Ni imaginar en cómo hubiera terminado el marcador de esa tarde si el arquero se hubiera levantado con el pie izquierdo. Todos estos equipos continúan aún vigentes, particpando en ligas provinciales.
En 1934, Argentinos Juniors cumplió una campaña lamentable. Terminó el campeonato último con nueve puntos, a raíz de dos victorias, cinco empates y 32 partidos perdidos. Ese año, jugó fusionado con Atlanta hasta la fecha 25, cuando se decidió la separación debido al fracaso de la gestión. Igualmente, no logró revertir la racha en soledad y culminó al final de la tabla. En ese torneo, Boca Juniors se coronó en la primera posición.
Sin embargo, las temporadas desastrosas no corresponden sólo a equipos añejos. En los últimos años, hubo varios conjuntos que se esforzaron en lograr una marca similar. En el torneo Clausura 2000, Ferro Carril Oeste, antes de despedirse al Nacional B, dejó un magro recuerdo. Obtuvo sólo ocho puntos, gracias a dos victorias, dos empates y 15 derrotas. Otro que se despidió en lo más profundo de la tabla, y en soledad, fue Huracán de Tres Arroyos. En el Clausura 95, el albirrojo logró 5 puntos, con ninguna victoria, cinco empates y 14 derrotas. Su honónimo de Parque Patricios, en el Clausura 2003, y Quilmes, en el Apertura 2006, casi lo empatan, ya que consiguieron 9 puntos merced a dos victorias, tres empates y 14 partidos perdidos.
Casualidad o causalidad, el equipo más argentino de los equipos nacionales, lleva consigo el triste récord de ser el peor equipo en la historia futbolera doméstica, en su única excursión a la primera división. El Mate, Los Criollos, o simplemente, Argentino de Quilmes, entró a la historia, pero por la puerta trasera.

lunes, 8 de septiembre de 2008

"Es un deporte chico, pero es un quilombo"


Mariano Castro, de la Selección argentina de handball, retrata la actualidad y los conflictos de este deporte amateur. Las diferencias entre los países europeos y el resto y el retraso continental de Argentina respecto a Brasil.
- ¿Cuál es la principal diferencia entre Europa y Argentina con respecto al handball?
- La principal diferencia es que allá tenés un tope salarial de 30.000 euros por mes y acá uno termina pagando para jugar. Viven totalmente para esto. Quizás en el nivel de juveniles y hasta juniors podés hacerle un poco más de frente, pero ya en mayores es distinto. Allá se vive específicamente para entrenar y a la larga se nota mucho la diferencia con Argentina, donde la mayoría estudia, trabaja y todas las noches va a entrenar al club o la Selección. Y ese es el principal problema, te desgasta demasiado. Es una lucha contra la cabeza, más que nada. Entre los 21 y los 23 es justo la etapa donde más chicos dejan de jugar y más jugadores se van. Es el momento en que vos tenés que decidir entre seguir tu vida acá o irte afuera a jugar.
- ¿Recibiste ofertas para jugar en Europa? y de ser así, ¿Por qué no aceptaste?
- Cuando era chico y empecé a jugar al handball, no tenía idea que había una Selección, que podía llegar a cobrar por jugar y a viajar. Muchas veces dudé en irme. Quizá me arrepiente en unos años. Porque acá lo tomo, aunque resulte raro, como una distracción. Termino de estudiar y siempre a la noche voy a entrenar pensando en divertirme con amigos. Entonces, no sé si disfrutaría tanto hacer handball solamente, nunca quise ser profesional. Además, tengo la suerte de que en los dos últimos años viajé a 8 torneos. Tengo un mes que estoy concentrado y sólo pensando en handball y eso ya me saca un poco de todo. Lo disfruto, pero también me doy cuenta que no me gustaría estar así durante 5 años de mi vida, pensando únicamente en la pelota.
-¿Reciben subsidios de parte de la Secretaría de Deportes? ¿Cómo se solventan los viajes?
-Tenemos una beca mensual por entrenar con la Selección, hay un total de 18 becas de 600 pesos. Los viajes de mayores te los pagan, pero en cadetes, juveniles y juniors tiene que pagar una parte cada jugador, siempre. Nunca fueron más de 300 dólares. Es la eterna discusión de por qué tenés que pagar. Siempre vienen y te dicen: "el viaje sale 500 dólares" (como en el último mundial donde yo estuve), y muchos dijimos que era una locura y que no podemos pagar eso. Encima, te dicen faltando quince días que tenemos que pagar 500 dólares. Te terminan diciendo: "bueno, diganme cuánto quieren poner". Lo máximo era 200 dólares, pero algunos ni siquiera llegaban a eso. Uno se ponía a pensar y entonces se preguntaba quién ponía esos 300 o 400 dólares que faltaban y de dónde salían. Todas esas cosas son muy poco claras, pero pasan generalmente en casi todos los deportes amateurs. Los dirigentes deberían ser papás de chicos que jugaron y que están ayudando, pero nunca pasa. En cadetes pagué la camiseta porque era mi primer torneo, me la quería quedar. Es increíble. Después, en un viaje fueron como 8 dirigentes y ellos, obviamente, no pusieron plata. Esas cosas te dan mucha bronca. Es un deporte chico, pero es un quilombo. Encima, se conocen todos entre ellos y hacen lo que quieren. No sabés a quién creerle, porque sabés que se manejan mal pero no sabés si alguno las hace bien.
Por otro lado, no tenemos siquiera agua mineral para los entrenamientos. Estás jugando y tenés que ir a tomar agua de la canilla, o llevarte agua de tu casa. Es un problema de la Confederación de Handball. Pero nunca te enterás de la realidad, ni del presupuesto que se maneja. No tenés idea de nada, pasan todas esas cosas que te desorientan. Se habla también de que el Técnico anterior (Mauricio Torres) cobraba un montón de plata y nosotros no teníamos agua. No queda otra que cerrar los ojos y entrenar como siempre. Para entrenar cada uno va con su ropa. Y depende el viaje, te dan ropa o no. Muchas veces las camisetas que se usan son las mismas durante tres o cuatro torneos. Es todo muy desprolijo.
- ¿Qué perspectivas hay para el Mundial de Croacia de 2009?
- El grupo (Francia, Australia, Rumania, Eslovaquia y Hungría) es de lo mejor que nos tocó en los últimos años, pero nunca llega a ser "accesible". La mayor diferencia se dá entre los europeos y los no europeos. Los europeos se dividen en 3 niveles. Los del primer nivel son imposibles, los segundos prácticamente también, son partidos muy difíciles, y los terceros son quizás donde podés llegar a ganar algo. Por ejemplo, Eslovaquia, es un equipo de tercer nivel, Hungría de segundo y Francia es de primer nivel. Hay mucha diferencia con Argentina, es muy difícil que se dé un batacazo de un día para el otro. Tendríamos que ganarle a Australia y después lucharla con Rumania y Eslovaquia que son equipos muy duros, de segundo nivel. La mejor posición de una selección argentina en un mundial creo que fue decimo tercero o decimo cuarto, entonces es muy difícil que de un día para el otro esto cambie. La primera opción para entrar a Beijing eran los Panamericanos que otorgaban una sola plaza para América, perdimos la final con Brasil y ellos pasaron directo. Y en mayo pasado fue el Peolímpico, el repechaje era con Polonia, Suecia e Islandia, y para ese torneo no tuvimos gira. Los dos jugadores que jugaban afuera, titulares indiscutidos en ataque y defensa, los encontramos directamente allá. Estuvimos todos juntos solamente dos entrenamientos, y para ir a jugar contra los mejores del mundo. Eso tampoco te sirve. Porque se necesita una gira, se necesita entrenar todos juntos. Cuando mejor empezamos a jugar fue en el tercer partido, cuando agarramos un poco de ritmo ya tuvimos que volvernos. Entonces para este mundial tiene que haber mucha preparación, si realmente se puede hacer una gira buena, puede ser que pasemos de ronda. Lo que nos favoreció para este mundial es el grupo, que no es malo, nos tocó mejor grupo que a Brasil, y con una buena preparación quizás se pueda hacer algo.
- Teniendo en cuenta que la mayoría del plantel juega en Europa, ¿Cómo se organizan los entrenamientos? ¿Cuándo se junta el plantel completo?
- Cada año los largan menos allá, es como el fútbol. Los que ponen la plata siempre deciden. Los mundiales siempre se hacen en enero, y los largan o después de las fiestas, o algunos antes, para el 20 de diciembre o el 18, con mucha suerte. Entonces, quedan diez días para trabajar en diciembre y otros diez en enero hasta que empiece el mundial. Pero lo ideal sería trabajar diez días acá todos juntos, y de diez a 15 días afuera, cosa de que los que no vinieron, entrenen allá. También es muy importante que haya una gira, porque se entrena con equipos de acá que no son tan fuertes.
- ¿Cuáles son los equipos más fuertes dentro de América?
- En América sin dudas los más fuertes son Brasil, Argentina y Cuba, ahora, porque hubo cinco años que no participaron de los torneos porque se fugaron varios deportistas de su delegación. Ahora que volvieron son potencia por detrás de Argentina y Brasil. Antes, Cuba estaba por encima de los demás, pero con todo este parate de cinco años por ese problema de índole política que no compitíeron, se retrasó. Debajo están Uruguay y Chile, pero con bastante diferencia, de casi diez goles en un partido, como la diferencia entre Argentina y un europeo. Pero siempre fue la hegemonía entre Argentina y Brasil, y un poquito más abajo Cuba, que en cualquier momento sorprende y se pone de vuelta arriba. Igualmente, Argentina se quedó un poco con respecto a Brasil, que ahora está un paso más arriba que nosotros.
- ¿Y a que se debe esta ventaja que sacó Brasil a nivel continental?
- Se debe a dos cosas en realidad. El técnico Mauricio Torres, de Argentina, se fue por muchos problemas, se peleó con todos los jugadores de la mayor y con los de la junior. Hasta le hicieron una carta a la Secretaría de Deportes para exigirle que se vaya por malos tratos. Se terminó yendo y después volvió, pero sin que estén los referentes y mejores jugadores de la Selección porque estaban peleados con él. Entonces, ahí hubo toda una generación peleada con el técnico y los más chicos tuvieron que crecer de golpe, lo que perjudicó mucho. El enganche generacional que tuvo que haber sucedido en tres o cuatro años se hizo de repente. La otra cuestión es que Brasil le dá mucha más importancia al deporte que Argentina. Se organizan todos los torneos, se hicieron los Panamericanos y cualquier torneo de juveniles se hace allá. Hay municipios que tienen al handball como deporte más importante. Aparte, Brasil tiene como sponsor a Petrobrás que pone un millón de dólares al año. En los Panamericanos ellos fueron locales, hicieron una extensa gira. Nosotros, nada. Con todo esto, Brasil aventajó a Argentina en los últimos años.

Los otros guantes de México ´68

Uno de los mayores escándalos en la historia de los Juegos Olímpicos sucedió en México `68. En la coronación de la competencia de 200 metros, los atletas negros estadounidenses Jhon Carlos y Tommy Smith levantaron sus puños enguantados en color blanco en el podio, para manifestar el repudio a la discriminación racial sufrida en Estados Unidos. A raíz de este hecho, ambos deportistas fueron expulsados de la concentración norteamericana por sus directivos, lo que desencadenó una mayor deserción de atletas compatriotas, que se habían solidarizado con la causa.
Sin embargo, previo a aquellos juegos, entraron a escena otros guantes blancos que, contrariamente, significaron la represión y la matanza en la capital mexicana. Tan sólo quince días antes y a 25 kilómetros de distancia de ese polémico gesto denominado "el poder negro" por los medios, el batallón olimpia -un escuadrón paramilitar creado como fuerza de seguridad para los Juegos Olímpicos- dió las señales para que militares comenzaran una balacera de disparos contra más de 15.000 estudiantes y trabajadores que se manifestaban en la plaza de las "Tres Culturas", en el barrio de clase media Tlatelolco, lo que generó la muerte de decenas de manifestantes, centenares de heridos y miles de detenidos.
En el anochecer del 2 de octubre de 1968, los miembros del batallón, camuflados entre la multitud de estudiantes y obreros, y sólo reconocibles por portar un guante blanco en su mano izquierda para que los militares los idenftificaran, llegaron hasta el edificio "Chihuahua". Allí se encontraban los oradores del movimiento y varios periodistas y se apostaron de francotiradores. Se cree que al recibir la señal desde un helicóptero militar con una bengala, los francotiradores comenzaron a disparar contra los estudiantes y contra el propio ejército para provocar confusión y una reacción armada y "justificada" por parte de los militares. Estaba todo planificado para que se creyera que los que originaron la tragedia fueran los manifestantes. Y así lo reflejó la crónica periodística del diario "La Prensa", en su tapa de la edición del 4 de octubre de 1968, cuando tituló: "México: controla la zona de Tlatelolco el ejército", y en la bajada añadió: "Habría decenas de muertos y más de 100 heridos del choque con los estudiantes". Sin embargo, lo más significativo se redactó en el primer párrafo de la nota: "Tropas del ejército silenciaron finalmente hoy a los francotiradores estudiantiles en la Plaza de las Tres Culturas y asumieron el control total del complejo edilicio de Tlatelolco, desalojando a sus moradores". Estaba en claro que los francotiradres eran estudiantes. Por su parte, "La Nación", en su edición del 3 de octubre, señaló: "Los soldados abrieron fuego esta noche sobre 15.000 personas que participaban en una manifestación en el barrio norte de la capital".
Todo había comenzado algunos meses antes de aquel fatídico 2 de octubre. Las manifestaciones, desde los comienzos del conflicto hasta aquella noche, fueron cada vez más populares y radicalizadas. Los estudiantes comenzaron a recibir el apoyo de los obreros y de los vecinos de Tlatelolco. Por su parte, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz veía como el conflicto se acrecentaba y se le escapaba de sus manos, a muy poco tiempo de la celebración de los Juegos Olímpicos, el evento de mayor cobertura de medios a nivel internacional junto a los mundiales de Fútbol. La semana del 26 de julio de 1968, varios establecimientos educativos del Distrito Federal comenzaron un paro de actividades en proclama de una mayor autonomía universitaria. El ejército, por orden gubernamental, ingresó a la fuerza a varias de las escuelas. Javier Barros Sierra, rector de la Univerdidad Nacional de México (UNAM) en aquellos años, pronunció el 30 de julio un duro discurso donde condenó publicamente la metodología del gobierno y a los militares. También exigió la liberación de todos los presos políticos que habían sido arrestados. Casi un mes después, el 26 de agosto, se escucharon los primeros insultos al presidente méxicano, Díaz Ordaz, en una multitudinaria movilización al zócalo capitalino. Por sugerencia de un orador, centenares de manifestantes decidieron quedarse frente al palacio a esperar el informe presidencial que había sido anunciado. Sin embargo, la espera no fue en paz. En la madrugada del 28 de agosto tanques militares salieron desde el Palacio Nacional y dispersaron a los manifestantes. La persecución y la represión continuaba. El conflicto crecía y cada vez sumaba más voces a favor de los estudiantes. Dos semanas después se convocó a una "La marcha del silencio", en la cual los manifestantes marcharon con pañuelos en la boca, en referencia a la represión y persecución que sufrían por, simplemente, hacer oír sus reclamos. El presidente omitía cualquier replanteo y mientras tanto, la fecha de inauguración olímpica se acercaba. Fue para el 18 de septiembre cuando el ejército, en un intento de neutralizar la protesta, invadió la Ciudad Universitaria. Esto no hizo más que aumentar la tensión y las adhesiones a los estudiantes. Cada vez eran más los trabajadores y vecinos de Tlatelolco que apoyaban en práctica a los disidentes del gobierno. El 24 de septiembre el ejército también toma por asalto la sede del Instituto Politécnico Nacional (IPN). El copamiento militar terminó el 1 de octubre, cuando por orden de Díaz Ordaz, los militares se retiran de la UNAM y el PIN aduciendo un tratado de tregua con los estudiantes.
Así fue como se llegó a ese 2 de octubre, donde los manifestantes y vecinos se aglomeraron en la Plaza de las Tres Culturas para victoriarse por la retirada del ejército de las universidades. Dificilmente se pueda corroborar la cantidad de muertos de aquel día. Fuentes gubernamentales aseguran que fueron entre 40 y 50. Sin embargo, familiares e investigadores calculan en más de 300 las víctimas. En 1968, el gobierno reportó, solamente, 20 fallecidos.
Y así fue como entraron en acción los otros guantes blancos, los que pocos recuerdan de aquel México ´68. Aquellos guantes de la represión y la matanza.

martes, 3 de junio de 2008

El semillero de malas raíces

Cualquier jugador adelanta la pelota unos tres metros delante de donde se había cometido la falta. Un adversario, ni bien ingresa al área con la pelota dominada, cae desplomado ante el mínimo contacto con su marcador. Reclama penal. En otro estadio, muy lejos, un colega advierte sobre la dura infracción que recibió y exige al árbitro una amonestación, o expulsión, según sea la gravedad de la falta. El equipo va ganando, pero faltando pocos minutos, el contrincante marca el descuento, entonces, el arquero local, retiene la pelota dentro de su propio arco, demorando la reanudación del juego. Hechos constantes y cotidianos en cada campo de juego profesional argentino en donde ruede una pelota. La lista continúa, es extensa, casi interminable. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Todo pareciera ser una parodia a la filosofía maquiavélica: “el fin -la victoria-, siempre justifica los medios”.
Pero todo esto no nace ni se expande de forma casual una vez que el jugador accede al profesionalismo. No se le inculca mientras está esperando su oportunidad sentado en el banco de los suplentes. No es contagioso, al menos mientras se está jugando por dinero. Todo viene de las raíces, de las inferiores, de los clubes de barrio. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Nada de juego para niños que sólo deberían pensar en hacer del fútbol sólo eso, un juego, una diversión, un pasatiempo. Una tarde para compartir con amigos. Un noble ejercicio para el sano desarrollo del pequeño. Para después vendrán las presiones, las competencias, pero por propia elección del jugador. Así debería ser, así debería suceder. Cada vez con menor edad los chicos aprenden que en el fútbol lo más importante es competir y ganar. No importan las formas, lo primordial será lo que marque el tablero al finalizar el encuentro. Entrenadores que deberían transmitir tranquilidad y enseñar a los chicos los oficios de un buen futbolista (manejo de pelota, ubicación en el campo de juego, etcétera), dedican más tiempo a exigir a los gritos que a contribuir con el buen crecimiento futbolístico del chico. Nada de la enseñanza del ensayo y error. Ante la primera equivocación vendrá el reto, el castigo. Por otro lado, están ellos, los padres, visionarios que ven a sus hijos como futuras estrellas en tierras europeas y les exigen como tal. Extraño sería ver un encuentro de baby fútbol donde el silencio abunde y sólo se escuchen los pedidos acordes al juego de los chicos. Quién tenga la desgracia -en otras épocas era una bendición por el bien de sus hijos- de vivir cerca de un club de barrio, tendrá que tolerar los altísimos niveles de sonorización que producen esos padres y esos “docentes” del fútbol. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Mientras desde abajo no se inculquen otros valores, difícilmente se pueda ver un espectáculo más leal cada fin de semana.

LoS MiNiCuEnToS -3-

EL DÍA DE LA TRAGEDIA

Y fue ese día... cuando el subte decidió no devolver la misma cantidad de personas que ratos antes había cruzado el molinete. Y fue ese día cuando cansada de su prolongada costumbre bulímica, la boca del subte devoró de un bocado a la cultura oficinista, que visiblemente confiada se movilizaba sin siquiera pensar en dicha posibilidad, la de nunca regresar.

BARRIENDO EL PISO

En el día de la mas tremenda caída de la bolsa en el ámbito nacional, todos los accionistas estaban destruidos, amargados. Algunos se sostenían de pie, otros de las paredes, y unos pocos, ocultaban su cabeza sobre las largas mesadas, imaginando un futuro marginal. Enseguida, el empleado de limpieza entró al gran salón y comenzó con su rutina diaria, miró hacia el piso y comenzó a barrer. Fue en ese instante, acompañado de su pala, cuando intentó levantar la moral de todos aquellos accionistas defraudados por la cotización del día. Pues la moral de ellos estaba por el piso.

EL ARREPENTIDO

José Raicovich era uno más... Uno más de los que día tras día amanecía somnoliento, bajo el frío invierno del puente de la calle Rossevelt. Como tantos, acomodaba con oficio de hormiga sus pocas pertenencias, y se lavaba los dientes en espejitos de camiones que comúnmente estacionaban en la cuadra. No era de extrañar que José dijera con prédica evangelista sus andanzas y sus buenos pasares económicos a lo largo de sus años. Todo transeúnte distraído que se le cruzara era posible víctima de su extenso monólogo. Entre las tantas y variadas anécdotas que contaba con detalle minúsculo en su relato, no pasaba inadvertido (y era repetido, cual si fuera loro brasilero) su profundo arrepentimiento de un hecho concreto que lo marcó y lo dejó en su precaria situación actual. En su cara de tristeza se notaba el recuerdo imborrable de aquélla noche de alcoholes, en la cual sumergido en un ataque de nervios y locura incontrolable decidió tirar... su casa por la ventana.

Incidentes y muerte: respeto o seguridad

¿Es acorde la suspensión del partido por el respeto a las víctimas y sus familiares?, o ¿Debería desarrollarse igualmente para evitar peores consecuencias?. Esta parece ser la disyuntiva general que se presenta siempre que en un estadio, o inmediaciones, suceden incidentes que derivan en muertes y heridos.
Es evidente que no se puede otorgar una respuesta a estas preguntas desde un punto de vista general. Dos ejemplos, con características totalmente diferentes –lejanía temporal, diferentes países y sociedades y un marco totalmente distinto- demuestran que ante los incidentes y la muerte, las medidas posteriores en cuánto a la disputa del encuentro, son de carácter particular, y muchas veces, antagónicas.
El 29 de mayo de 1985 fallecieron 39 personas por aplastamiento y asfixia en el estadio de Heysel, en Bruselas, Bélgica, minutos antes de la final de la “Copa de Europa” entre Juventus (Italia) y Liverpool (Inglaterra). Consecuencia: luego de varias reuniones, las autoridades decidieron que el partido se jugase para evitar un mal mayor, debido al miedo de represalias de los hinchas de ambos equipos. Todo terminó en “paz”. Aunque la opinión pública, en su mayoría, repudió esta medida. Fue el acontecimiento conocido como “La tragedia de Heysel”.
El 16 de marzo de 2008, Emanuel Alvarez, hincha de Vélez Sarsfield, fue asesinado de un balazo en el recorrido desde el barrio de Villa Luro hasta el estadio “Nuevo Gasómetro”, donde su equipo enfrentaría a San Lorenzo. Consecuencia: el partido fue suspendido por el árbitro debido a que la policía no garantizaba la seguridad, ya que simpatizantes de Vélez habían roto parte del alambrado perimetral del campo de juego, expresando su disconformidad con el comienzo del encuentro. Cada acontecimiento violento se desarrolla en un contexto distinto e intervienen diversos actores, y de diferente modo. Lo que determina que cada hecho sea totalmente particular y distinto al resto. Cada ciudad, estadio, sociedad, accionar policial, entre muchísimos otros factores, difieren notablemente entre sí. Es por ello, que cada decisión debe estar acorde a ese contexto. No puede omitirse el respeto a las victimas, pero tampoco, con ese pretexto, debe peligrar la vida de otros. No sea que por respetar a algunas, las víctimas sean más.

Cereijo uno, Evita cero

Cinco de Diciembre de 1951 en el “Gasómetro” de Avenida La Plata.
De un lado, Racing Club, institución popular del sur bonaerense, flamante bicampeón del torneo de A.F.A. en los dos años anteriores luego de 24 de sequía, estrenando su flamante e imponente estadio, no casualmente llamado “Juan Domingo Perón”. Entidad poderosa, perteneciente al selecto quinteto de conjuntos grandes del fútbol doméstico. Cerca de 40.000 socios. Culmina el campeonato con 44 puntos.
Del otro lado, Banfield, modesta institución de la localidad del sur bonaerense de la cual los fundadores han tomado el nombre. Lejos de las consagraciones en sus prolongados 55 años de vida, con un estadio mediano y pionero, ya que se encuentra entre los primeros en poseer tribunas íntegras de cemento. Entidad humilde, perteneciente al numeroso grupo de los denominados equipos “chicos” del fútbol local. Termina el campeonato con 44 puntos.
De un lado, Ramón Cereijo, Secretario de Hacienda del primer gobierno peronista (1946-1956), ambicioso, fana asumido y colaborador inagotable del club de Avellaneda, el club de sus amores. Hace lo posible y lo imposible para que su Racing se consagre primer tricampeón del Fútbol profesional argentino.
Del otro lado, Eva Duarte de Perón, para todos “Evita”, la abanderada de los humildes. Ajena al fútbol hasta ese momento. Se encolumna detrás de su simpatía hacia un club modesto, de barrio y minoritario, como lo es Banfield.Cinco de diciembre de 1951 en el “Gasómetro” de Avenida La Plata. Estadio lleno entre la parcialidad racinguista, los pocos de Banfield y los muchos de otros equipos que alentaban al primerizo. Todo muy parejo, sin ventajas. Hasta que a los pocos minutos del segundo tiempo, Mario “El atómico” Boyé conecta un temible zapatazo y vence al arquero albiverde Graneros. Triunfa Racing. Triunfa Cereijo.

Fundación de clubes

El origen del fútbol y posteriormente de los clubes en Argentina fue dado por la llegada de inmigrantes ingleses que trajeron consigo ese juego extraño en donde la principal meta era patear una pelota e introducirla en un arco. Con el tiempo, este simple juego se fue transformando en deporte y ya no sólo era jugado por los ingleses argentinizados sino que los criollos comenzaron también a apoderarse de la redonda. Así nacieron los clubes en Argentina, algunos entusiastas jóvenes, en su mayoría ingleses o hijos de ingleses, se juntaban a jugar y luego decidían fundar un equipo y que pronto, e invariablemente, derivaría en un club. Los terrenos linderos a los ferrocarriles o aquellos campitos que abundaban en Buenos Aires por aquellos años oficiaban de estadios para los encuentros y entrenamientos, y la casa de los padres, los talleres, o las obras en construcción, se transformaban en improvisadas sedes donde los fundadores y jugadores (muchas veces cumplían ambas funciones) se juntaban a debatir ideas y proyectos.
A continuación, algunos ejemplos de aquellos inicios, donde generalmente los adolescentes con su grupo de pertenencia eran los principales iniciadores de estas aventuras que hoy, casi una centena de años después, son parte de una popular pasión que no distingue clase social. Y que, en muchos casos, según el resultado del último partido, marcan el ritmo y el humor de bastantes ciudadanos.

Un caballo, un club
Los orígenes del Club Atlético Platense, aunque parezca extraño, están ligados a un caballo. Gay Simón, en 1905, gana en una carrera hípica y gracias a ello un grupo de chicos de entre 8 y quince años se hacen acreedores de $ 445, cifra que invierten en la fundación de un nuevo club, un 25 de Mayo. El nombre fue tomado del Stud al que pertenecía el caballo triunfador, “Platense”.

Social Club
El primero de mayo de 1906, un grupo de amigos fundaba en un local del partido socialista el Club Atlético Chacarita Juniors, la primer palabra en honor al barrio al que pertenecían y la palabra juniors en alusión clara a la juventud de sus miembros fundadores. Sus colores, el rojo, el blanco y el negro, tienen una explicación. El rojo se eligió en referencia al socialismo, el blanco por la pureza que representa y el negro, simplemente, por la cercanía al cementerio.

De la mano del sacerdote
Un grupo de amigos, con la colaboración de un sacerdote salesiano llamado Lorenzo Massa, fundó en el barrio de Almagro el primero de abril de 1908 el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Aunque sin duda su nombre sirvió para inspirar el del naciente Club, el cura Massa sólo aceptó usarlo con la expreso pedido de que con él se honrara al santo mártir de la fe y al primer triunfo de las armas patrióticas conducidas por el General San Martín en el combate de San Lorenzo. Los colores elegidos para su casaca fueron el azul, que simboliza el ideal y el rojo que simboliza la lucha.

Entre el trabajo y el fútbol
Casi un centener, más precisamente, 95 empleados, que pertenecían a distintas reparticiones del Ferrocarril Oeste, fundan lo que sería el club que llevaría ese mismo nombre, Club Atlético Ferrocarril Oeste. Sucedió un 28 de julio de 1904 y sus miembros lograron establecer, de esta manera, un ámbito donde poder compartir actividades sociales y fomentar el ejercicio físico.

Los viejos alumnos de Newell
Un pequeño inglés de tan sólo 16 años llamado Isaac Newell arribó al puerto rosarino en 1869. Profesor de inglés por decantación instaló junto a su esposa su propio colegio, el Anglo Argentino, inaugurado en 1884. En este colegio, los recreos futboleros se hacían cada vez más multitudinarios y virtuosos, por lo cual Don Isaac y su hijo Claudio decidieron canalizar esa pasión. El 3 de noviembre de 1903 se realizó la primer asamblea para organizar el emprendimiento que permitiría que alumnos y ex alumnos disfruten de ese innovador juego, quedando simbólicamente inaugurado el nuevo club. En homenaje a Don Isaac se decidió bautizar al club como Club Atlético Newell´s Old Boys, cuya traducción sería Club Atlético los viejos alumnos de Newell.

Argentinos Unidos
A comienzos del siglo XX, un grupo de jóvenes del barrio porteño de Villa Crespo, atraídos por los sucesos del 1 de mayo que dieron lugar posteriormente al día universal del trabajador, deciden bautizar a su modesto equipo barrial “Mártires de Chicago”. En 1904, los “Mártires” deciden unificarse con otro equipo del barrio, “Sol de la Victoria”, así es como al día siguiente, el 15 de agosto, se realiza el acto de fundación y se denomina al equipo Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo. Semejante nombre traería un problema. Cuando se encargó el sello, el fabricante sugirió acortar el nombre ya que sería muy complicado confeccionar un sello con tantas palabras, por lo tanto nació el definitivo Asociación Atlética Argentinos Juniors. Y los fundadores adoptaron los colores rojos con vivos blancos, fieles a sus principios socialistas.

Entre el fútbol y los mataderos
El 19 de Julio de 1911, un entusiasta grupo de jóvenes se reunió en plena vía pública y resolvieron constituir su propio club al que denominaron rápidamente “Los Unidos de Nueva Chicago”, en referencia a la principal avenida del actual barrio de Mataderos que llevaba el nombre de Avenida Nueva Chicago. Conversando luego sobre los colores que llevaría la camiseta, siempre reuniéndose en plena calle, vieron pasar una camioneta cargada con fardos de pasto con destino seguro a los mataderos de la zona, y en uno de los costados el vehículo estaba pintado de verde con rayas negras. Al verlo, el señor José M. Varela (uno de sus fundadores), exclamó: ¡Ahí tenemos los colores para nuestro club!. Con el tiempo el club pasó a llamarse simplemente Club Atlético Nueva Chicago.

Un pueblo, un club
Un grupo de profesionales y comerciantes ingleses residentes de Banfield decidieron fundar un club, al que bautizaron con el nombre del pueblo que habitaban. Este nombre respondía al de la estación del ferrocarril, establecida en 1873 en honor a Edward Banfield, quién fue el primer gerente de la empresa Gran Ferrocarril Sur.

Lanús United y El Progreso
El Progreso y Lanús United eran dos equipos del partido bonaerense de Barracas al Sud, actualmente conocido como Lanús. Corría ya el año 1915, cuando deciden fusionarse para evitar un inminente cierre de ambos, debido a la crisis terminal que sufrían, de ahí en más bautizan al nuevo emprendimiento como Club Atlético Lanús.
Acerca del color granate que se le asignó a su camiseta hay diversas opiniones. Para muchos fue granate desde el principio, y establecen que algunos de sus fundadores eran oriundos de la ciudad española de Pontevedra y escogieron ese color en homenaje al club de aquellos pagos. Otros sostienen que se eligió ese singular color para diferenciarse de los demás clubes, en los cuales abundaban el rojo, negro, verde, blanco, azul y celeste en sus variadas combinaciones.

Alumnos fundadores
Si bien eran compañeros de escuela y amigos, sabían que tenían que constituirse como un club para fortalecer esa pasión que los vinculaba. El nombre para dicho club surgió a raíz de uno de los personajes que acababan de conocer debido a historia, materia que cursaban en ese momento. De allí tomaron el nombre de Colón, ya que en esa época estaban estudiando todos sus viajes. Finalmente el 5 de mayo de 1905, decidieron bautizar su sueño con el nombre de Colón Foot- ball Club. Luego, en Asamblea general Extraordinaria realizada en marzo de 1920 fueron aprobados los nuevos estatutos y la sustitución del nombre por el simple Club Atlético Colón. Los colores para la institución, izquierdo negro y derecho rojo, fueron tomados de una barcaza que se encontraba en reparación en las inmediaciones del campito donde jugaban.

Sólo sabemos que no sabemos nada

Todos los apasionados del fútbol creemos saber todo acerca de este popular deporte. Nos sentimos directores técnicos de cualquier equipo. Así, fácilmente, podemos dilucidar, por ejemplo, la mejor formación titular, los cambios de los jugadores en los momentos más oportunos, los distintos sistemas tácticos empleados a lo largo del partido. Pero, sobre todo, opinamos críticamente sobre la labor de los árbitros. Sin embargo: ¿Cuánto conocemos verdaderamente de fútbol?, ¿Sabemos todas las reglas que rigen para un encuentro futbolístico?.
A partir de este pequeño artículo trataremos de demostrarle que antes de insultar o criticar al árbitro tendría que aprender algunas curiosidades del reglamento:
- Situación 1: En un partido hay un bote a tierra, popularmente conocido como “pique”, pero en vez de posicionarse frente al balón un jugador de cada equipo, lo hacen 7 de un lado y 9 del otro. ¿Está permitido eso? ¿Usted que cobraría?.
Si, está permitido. El reglamento dice bien claro: “El árbitro dejará caer el balón en el lugar en donde se hallaba cuando fue interrumpido el juego. El juego se considerará reanudado cuando el balón toque el suelo”. Como se habrá dado cuenta, no aclara en ningún momento sobre la cantidad de jugadores participantes.
- Situación 2: En plena acción de juego, un defensor cambia el puesto con el arquero. Por lo tanto, este jugador se coloca los guantes y se posiciona debajo del arco y el verdadero arquero empieza a cumplir la función del ex defensor. ¿Qué sucede ahora? ¿Qué dice el reglamento?
“Si un jugador cambia de puesto con el guardameta sin la autorización del árbitro antes de efectuar el cambio se continuará jugando y los jugadores en cuestión serán sancionados con la tarjeta amarilla inmediatamente después de la próxima interrupción del juego”.
- Situación 3: Cuántas veces hemos escuchado por parte del periodismo deportivo en particular y de la opinión pública en general el latiguillo de “la expulsión por último hombre”. Pero, ¿Esto es cierto, sólo se debe expulsar al jugador cuando es el último eslabón antes del arquero?. También conocido como la “Ley del último recurso”. Veremos que obliga el reglamento: “Es una falta sancionable con expulsión la que malogre la oportunidad manifiesta de marcar un gol a un adversario que se dirige hacia la meta del jugador mediante una falta sancionable con tiro libre o penal”. Nada dice del último hombre.
- Situación 4: ¿Qué cobraría usted si un defensor ante una falta de un atacante ejecuta el tiro libre indirecto con un pase a su arquero, pero sin embargo, éste se encuentra conversando con un amigo de la infancia que se encontraba en la tribuna y la pelota suavemente se dirige hacia el arco ante el grito de la multitud y de los propios jugadores que no logran evitar que la pelota ingrese? Yo cobraría gol, y seguramente usted también, pero… ¿que dice el reglamento? Sorpresa.
“Si se introduce directamente un tiro libre indirecto en la propia meta, se concederá un saque de esquina al equipo contrario”. ¿Raro no?, seguramente usted no se hubiera detenido ni un segundo en su avalancha de insultos al pobre juez que sólo aplicó el reglamento.
- Situación 5 (y última): Debido a la crisis económica que atraviesan la mayoría de los clubes nacionales, han surgido numerosas maniobras para lograr algún billete más, y debido a eso, la publicidad acecha por todos lados. Es común observar en equipos del ascenso y categorías menores, o en algunos equipos denominados “chicos” de Primera, publicidad en su indumentaria que por momentos casi dificulta la distinción de los colores de la propia camiseta. Los sponsors aparecen tanto en la casaca como en pantalones, y hasta en las medias, en algunos casos. Sin embargo, aunque muchos dirigentes lo desconozcan o ejerciten de distraídos, el reglamento exige lo siguiente: “Sólo se permite la publicidad en las camisetas de los jugadores, y no en los pantalones o medias”. Concreto y conciso, no despierta ninguna duda, sin embargo, poco se respeta en nuestro fútbol doméstico. Cómo éstos hay numerosos ejemplos más que demuestran que, parodiando a Sócrates, sólo sabemos que no sabemos nada de nuestro fútbol. O, en todo caso, poco.

O si tal vez ni fuera

... Y si tal vez.
Si tal vez tu ostentación no sólo beneficiara a favores de bolsillo;
O si tal vez tu percepción traspasara la frontera de los lujos.
O si tal vez tu honestidad simulara lo inocultable.
No sólo aquello, sino tal vez no demostraras lo inalcanzable de tu “clase”.
Y si tal vez tu morbosidad financiera no destruyera los sueños del que poco o nada tiene.
No. No es sólo ello, es tu imagen, la imagen.
No, no es sólo aquello.
O que tal vez tu sensibilidad se vea levemente afectada a un niño sin rueditas, a un padre sin motor, a una madre sin escape.
No, es más de aquello, ¿quién lo sabe?.
Si tal vez cedieras indiferente ante una mano callosa o ante una mano pudiente.
Pero, ¿quién lo sabe?.
Si por lo menos nuestras vistas se cruzaran, nuestros ojos se observaran, nuestros oídos se escucharan;
No, no sólo aquello. O si, tal vez.
Si tal vez nos conociéramos.
Pero... ¿quién lo sabe?.

GoLpE a GoLpE (Autobiografía)

Nací en el septiembre del retorno de la democracia, mas precisamente un veintinueve. Esto es primordial, pues con el simple hecho de haber nacido otro día, sencillamente, sería otro. Y no es poca cosa, siempre pensé que la cosecha individual se va nutriendo con los sucesos que permanentemente nos tocan. Y de eso esta hecho uno...
A mis viejos los encontré en plena construcción, pues el diminuto ambiente de la calle Estomba no resistiría otra compañía mas allá de la pequeña Laura. Y así fue, mis primeros pasos los di esquivando ladrillos y respirando polvo entre albañiles y maestros de obra que miraban sorprendidos el avance del intrépido Martín. Tuve una infancia tranquila, peloteando los frentes de casas vecinas con amigos del pasaje, todo era felicidad hasta que salía Nilda, ya reconocida por su apodo casi popular, la “loca” de enfrente. Mi hermanita menor y mas “negrita”, seguramente por herencia materna, fue llamada Celia. Me encontró en pleno jardín de infantes, disfrutando de mis apreciados bloques de madera, transformados por propia voluntad en grandes construcciones o pequeñas casas. Toda mi primaria la realicé en una escuela estatal, sobre la calle Juramento, donde el doble turno exigía un almuerzo abundante en casa propia, para después, sí, con panza llena, completar las inagotables tres últimas horas. Con el crecer nuestro, la casa mutaba para ofrecer nuevos refugios, así fue como cada uno tuvo su lugar, siempre transitando por largas jornadas de martillazos y cemento. Era costumbre: la casa se agrandaba con la llegada de los señores enchastrados. La finalización de la primaria, abrió en mi un gran interrogante, la “secundaria”, ese mundillo desconocido y por momentos temible, justificado por las exageraciones constantes de toda maestra de grado. Finalmente, la elección recayó sobre el “Avellaneda” (como lo renombrábamos todos los estudiantes, como si el articulo engrandeciera la figura del colegio). Las discusiones de tono político con un alto grado de inocencia eran una constante en aquellas obligadas reuniones del centro de Estudiantes, donde las disputas internas entre bandos requería una parcialidad definida. De aquellos años me quedan los más grandes amigos, y el conocimiento de personas únicas, tanto docentes como compañeros estudiantes. El viaje de egresados fue un lujo, como si fuera el cierre distintivo de una etapa más que agradable. Cuba nos recibió con su baile y sus sonrisas a pleno, me tocó transitar un país duro, lleno de flaquezas desde lo material pero espiritual y humanamente extraordinario. De esta manera fue como concluí uno de los años mas plenos de mi corto camino, pues no es de despreciar que ese mismo año la academia salió campeón, luego de unos frustrantes treinta y pico de años, y la gente de mi país (que por primera vez sentía un orgullo pleno de pertenencia) despertó después de una prolongada siesta un diecinueve de diciembre. Por otro lado, era una constante las dudas sobre mi futuro universitario, el tiempo pasaba y la decisión no aparecía, entonces llegó la elección: siempre me gustaron las crónicas periodísticas, y dije: -algo como periodista, por que no? es al día de hoy que todavía no se el rumbo definitivo de mi carrera, pero aquí estoy, estudiando Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y periodismo deportivo en Deportea. Mas allá del estudio y del trabajo, el contagio de mis hermanas artistas, bailarinas de vocación, me condujo hacia la música, pues la batería era un sueño anhelado desde pequeño. En esas épocas, de cuando en cuando, le robaba cacerolas y tapas a mi vieja y surgía la mas desafinada de las improvisadas baterías. La insistencia hasta el llanto fue una constante en toda mi niñez. Y fue de este modo como logré, por ejemplo, mi ansiada batería. Con los años la vocación crecía y la batería económica y nacional le cedió su lugar a una elegante importada. No sólo los ruidos se hicieron presentes en mi vida. Luego amplié el rubro y estudié percusión. Por otra parte, siguiendo mi locura interna me conduje hacia el teatro, los personajes ridículos y extravagantes fueron desarrollándose a través de las improvisaciones que a cada fin de año daban como resultado pequeñas obras y grandes proyectos, en busca de la sonrisa infantil o la inquietud de los mayores. Desde pequeño con las construcciones, hasta adulto con la percusión, este camino fue un constante golpe a golpe.