martes, 3 de junio de 2008

El semillero de malas raíces

Cualquier jugador adelanta la pelota unos tres metros delante de donde se había cometido la falta. Un adversario, ni bien ingresa al área con la pelota dominada, cae desplomado ante el mínimo contacto con su marcador. Reclama penal. En otro estadio, muy lejos, un colega advierte sobre la dura infracción que recibió y exige al árbitro una amonestación, o expulsión, según sea la gravedad de la falta. El equipo va ganando, pero faltando pocos minutos, el contrincante marca el descuento, entonces, el arquero local, retiene la pelota dentro de su propio arco, demorando la reanudación del juego. Hechos constantes y cotidianos en cada campo de juego profesional argentino en donde ruede una pelota. La lista continúa, es extensa, casi interminable. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Todo pareciera ser una parodia a la filosofía maquiavélica: “el fin -la victoria-, siempre justifica los medios”.
Pero todo esto no nace ni se expande de forma casual una vez que el jugador accede al profesionalismo. No se le inculca mientras está esperando su oportunidad sentado en el banco de los suplentes. No es contagioso, al menos mientras se está jugando por dinero. Todo viene de las raíces, de las inferiores, de los clubes de barrio. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Nada de juego para niños que sólo deberían pensar en hacer del fútbol sólo eso, un juego, una diversión, un pasatiempo. Una tarde para compartir con amigos. Un noble ejercicio para el sano desarrollo del pequeño. Para después vendrán las presiones, las competencias, pero por propia elección del jugador. Así debería ser, así debería suceder. Cada vez con menor edad los chicos aprenden que en el fútbol lo más importante es competir y ganar. No importan las formas, lo primordial será lo que marque el tablero al finalizar el encuentro. Entrenadores que deberían transmitir tranquilidad y enseñar a los chicos los oficios de un buen futbolista (manejo de pelota, ubicación en el campo de juego, etcétera), dedican más tiempo a exigir a los gritos que a contribuir con el buen crecimiento futbolístico del chico. Nada de la enseñanza del ensayo y error. Ante la primera equivocación vendrá el reto, el castigo. Por otro lado, están ellos, los padres, visionarios que ven a sus hijos como futuras estrellas en tierras europeas y les exigen como tal. Extraño sería ver un encuentro de baby fútbol donde el silencio abunde y sólo se escuchen los pedidos acordes al juego de los chicos. Quién tenga la desgracia -en otras épocas era una bendición por el bien de sus hijos- de vivir cerca de un club de barrio, tendrá que tolerar los altísimos niveles de sonorización que producen esos padres y esos “docentes” del fútbol. Histeria. Presiones. Ganar como sea. Mientras desde abajo no se inculquen otros valores, difícilmente se pueda ver un espectáculo más leal cada fin de semana.

LoS MiNiCuEnToS -3-

EL DÍA DE LA TRAGEDIA

Y fue ese día... cuando el subte decidió no devolver la misma cantidad de personas que ratos antes había cruzado el molinete. Y fue ese día cuando cansada de su prolongada costumbre bulímica, la boca del subte devoró de un bocado a la cultura oficinista, que visiblemente confiada se movilizaba sin siquiera pensar en dicha posibilidad, la de nunca regresar.

BARRIENDO EL PISO

En el día de la mas tremenda caída de la bolsa en el ámbito nacional, todos los accionistas estaban destruidos, amargados. Algunos se sostenían de pie, otros de las paredes, y unos pocos, ocultaban su cabeza sobre las largas mesadas, imaginando un futuro marginal. Enseguida, el empleado de limpieza entró al gran salón y comenzó con su rutina diaria, miró hacia el piso y comenzó a barrer. Fue en ese instante, acompañado de su pala, cuando intentó levantar la moral de todos aquellos accionistas defraudados por la cotización del día. Pues la moral de ellos estaba por el piso.

EL ARREPENTIDO

José Raicovich era uno más... Uno más de los que día tras día amanecía somnoliento, bajo el frío invierno del puente de la calle Rossevelt. Como tantos, acomodaba con oficio de hormiga sus pocas pertenencias, y se lavaba los dientes en espejitos de camiones que comúnmente estacionaban en la cuadra. No era de extrañar que José dijera con prédica evangelista sus andanzas y sus buenos pasares económicos a lo largo de sus años. Todo transeúnte distraído que se le cruzara era posible víctima de su extenso monólogo. Entre las tantas y variadas anécdotas que contaba con detalle minúsculo en su relato, no pasaba inadvertido (y era repetido, cual si fuera loro brasilero) su profundo arrepentimiento de un hecho concreto que lo marcó y lo dejó en su precaria situación actual. En su cara de tristeza se notaba el recuerdo imborrable de aquélla noche de alcoholes, en la cual sumergido en un ataque de nervios y locura incontrolable decidió tirar... su casa por la ventana.

Incidentes y muerte: respeto o seguridad

¿Es acorde la suspensión del partido por el respeto a las víctimas y sus familiares?, o ¿Debería desarrollarse igualmente para evitar peores consecuencias?. Esta parece ser la disyuntiva general que se presenta siempre que en un estadio, o inmediaciones, suceden incidentes que derivan en muertes y heridos.
Es evidente que no se puede otorgar una respuesta a estas preguntas desde un punto de vista general. Dos ejemplos, con características totalmente diferentes –lejanía temporal, diferentes países y sociedades y un marco totalmente distinto- demuestran que ante los incidentes y la muerte, las medidas posteriores en cuánto a la disputa del encuentro, son de carácter particular, y muchas veces, antagónicas.
El 29 de mayo de 1985 fallecieron 39 personas por aplastamiento y asfixia en el estadio de Heysel, en Bruselas, Bélgica, minutos antes de la final de la “Copa de Europa” entre Juventus (Italia) y Liverpool (Inglaterra). Consecuencia: luego de varias reuniones, las autoridades decidieron que el partido se jugase para evitar un mal mayor, debido al miedo de represalias de los hinchas de ambos equipos. Todo terminó en “paz”. Aunque la opinión pública, en su mayoría, repudió esta medida. Fue el acontecimiento conocido como “La tragedia de Heysel”.
El 16 de marzo de 2008, Emanuel Alvarez, hincha de Vélez Sarsfield, fue asesinado de un balazo en el recorrido desde el barrio de Villa Luro hasta el estadio “Nuevo Gasómetro”, donde su equipo enfrentaría a San Lorenzo. Consecuencia: el partido fue suspendido por el árbitro debido a que la policía no garantizaba la seguridad, ya que simpatizantes de Vélez habían roto parte del alambrado perimetral del campo de juego, expresando su disconformidad con el comienzo del encuentro. Cada acontecimiento violento se desarrolla en un contexto distinto e intervienen diversos actores, y de diferente modo. Lo que determina que cada hecho sea totalmente particular y distinto al resto. Cada ciudad, estadio, sociedad, accionar policial, entre muchísimos otros factores, difieren notablemente entre sí. Es por ello, que cada decisión debe estar acorde a ese contexto. No puede omitirse el respeto a las victimas, pero tampoco, con ese pretexto, debe peligrar la vida de otros. No sea que por respetar a algunas, las víctimas sean más.

Cereijo uno, Evita cero

Cinco de Diciembre de 1951 en el “Gasómetro” de Avenida La Plata.
De un lado, Racing Club, institución popular del sur bonaerense, flamante bicampeón del torneo de A.F.A. en los dos años anteriores luego de 24 de sequía, estrenando su flamante e imponente estadio, no casualmente llamado “Juan Domingo Perón”. Entidad poderosa, perteneciente al selecto quinteto de conjuntos grandes del fútbol doméstico. Cerca de 40.000 socios. Culmina el campeonato con 44 puntos.
Del otro lado, Banfield, modesta institución de la localidad del sur bonaerense de la cual los fundadores han tomado el nombre. Lejos de las consagraciones en sus prolongados 55 años de vida, con un estadio mediano y pionero, ya que se encuentra entre los primeros en poseer tribunas íntegras de cemento. Entidad humilde, perteneciente al numeroso grupo de los denominados equipos “chicos” del fútbol local. Termina el campeonato con 44 puntos.
De un lado, Ramón Cereijo, Secretario de Hacienda del primer gobierno peronista (1946-1956), ambicioso, fana asumido y colaborador inagotable del club de Avellaneda, el club de sus amores. Hace lo posible y lo imposible para que su Racing se consagre primer tricampeón del Fútbol profesional argentino.
Del otro lado, Eva Duarte de Perón, para todos “Evita”, la abanderada de los humildes. Ajena al fútbol hasta ese momento. Se encolumna detrás de su simpatía hacia un club modesto, de barrio y minoritario, como lo es Banfield.Cinco de diciembre de 1951 en el “Gasómetro” de Avenida La Plata. Estadio lleno entre la parcialidad racinguista, los pocos de Banfield y los muchos de otros equipos que alentaban al primerizo. Todo muy parejo, sin ventajas. Hasta que a los pocos minutos del segundo tiempo, Mario “El atómico” Boyé conecta un temible zapatazo y vence al arquero albiverde Graneros. Triunfa Racing. Triunfa Cereijo.

Fundación de clubes

El origen del fútbol y posteriormente de los clubes en Argentina fue dado por la llegada de inmigrantes ingleses que trajeron consigo ese juego extraño en donde la principal meta era patear una pelota e introducirla en un arco. Con el tiempo, este simple juego se fue transformando en deporte y ya no sólo era jugado por los ingleses argentinizados sino que los criollos comenzaron también a apoderarse de la redonda. Así nacieron los clubes en Argentina, algunos entusiastas jóvenes, en su mayoría ingleses o hijos de ingleses, se juntaban a jugar y luego decidían fundar un equipo y que pronto, e invariablemente, derivaría en un club. Los terrenos linderos a los ferrocarriles o aquellos campitos que abundaban en Buenos Aires por aquellos años oficiaban de estadios para los encuentros y entrenamientos, y la casa de los padres, los talleres, o las obras en construcción, se transformaban en improvisadas sedes donde los fundadores y jugadores (muchas veces cumplían ambas funciones) se juntaban a debatir ideas y proyectos.
A continuación, algunos ejemplos de aquellos inicios, donde generalmente los adolescentes con su grupo de pertenencia eran los principales iniciadores de estas aventuras que hoy, casi una centena de años después, son parte de una popular pasión que no distingue clase social. Y que, en muchos casos, según el resultado del último partido, marcan el ritmo y el humor de bastantes ciudadanos.

Un caballo, un club
Los orígenes del Club Atlético Platense, aunque parezca extraño, están ligados a un caballo. Gay Simón, en 1905, gana en una carrera hípica y gracias a ello un grupo de chicos de entre 8 y quince años se hacen acreedores de $ 445, cifra que invierten en la fundación de un nuevo club, un 25 de Mayo. El nombre fue tomado del Stud al que pertenecía el caballo triunfador, “Platense”.

Social Club
El primero de mayo de 1906, un grupo de amigos fundaba en un local del partido socialista el Club Atlético Chacarita Juniors, la primer palabra en honor al barrio al que pertenecían y la palabra juniors en alusión clara a la juventud de sus miembros fundadores. Sus colores, el rojo, el blanco y el negro, tienen una explicación. El rojo se eligió en referencia al socialismo, el blanco por la pureza que representa y el negro, simplemente, por la cercanía al cementerio.

De la mano del sacerdote
Un grupo de amigos, con la colaboración de un sacerdote salesiano llamado Lorenzo Massa, fundó en el barrio de Almagro el primero de abril de 1908 el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Aunque sin duda su nombre sirvió para inspirar el del naciente Club, el cura Massa sólo aceptó usarlo con la expreso pedido de que con él se honrara al santo mártir de la fe y al primer triunfo de las armas patrióticas conducidas por el General San Martín en el combate de San Lorenzo. Los colores elegidos para su casaca fueron el azul, que simboliza el ideal y el rojo que simboliza la lucha.

Entre el trabajo y el fútbol
Casi un centener, más precisamente, 95 empleados, que pertenecían a distintas reparticiones del Ferrocarril Oeste, fundan lo que sería el club que llevaría ese mismo nombre, Club Atlético Ferrocarril Oeste. Sucedió un 28 de julio de 1904 y sus miembros lograron establecer, de esta manera, un ámbito donde poder compartir actividades sociales y fomentar el ejercicio físico.

Los viejos alumnos de Newell
Un pequeño inglés de tan sólo 16 años llamado Isaac Newell arribó al puerto rosarino en 1869. Profesor de inglés por decantación instaló junto a su esposa su propio colegio, el Anglo Argentino, inaugurado en 1884. En este colegio, los recreos futboleros se hacían cada vez más multitudinarios y virtuosos, por lo cual Don Isaac y su hijo Claudio decidieron canalizar esa pasión. El 3 de noviembre de 1903 se realizó la primer asamblea para organizar el emprendimiento que permitiría que alumnos y ex alumnos disfruten de ese innovador juego, quedando simbólicamente inaugurado el nuevo club. En homenaje a Don Isaac se decidió bautizar al club como Club Atlético Newell´s Old Boys, cuya traducción sería Club Atlético los viejos alumnos de Newell.

Argentinos Unidos
A comienzos del siglo XX, un grupo de jóvenes del barrio porteño de Villa Crespo, atraídos por los sucesos del 1 de mayo que dieron lugar posteriormente al día universal del trabajador, deciden bautizar a su modesto equipo barrial “Mártires de Chicago”. En 1904, los “Mártires” deciden unificarse con otro equipo del barrio, “Sol de la Victoria”, así es como al día siguiente, el 15 de agosto, se realiza el acto de fundación y se denomina al equipo Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo. Semejante nombre traería un problema. Cuando se encargó el sello, el fabricante sugirió acortar el nombre ya que sería muy complicado confeccionar un sello con tantas palabras, por lo tanto nació el definitivo Asociación Atlética Argentinos Juniors. Y los fundadores adoptaron los colores rojos con vivos blancos, fieles a sus principios socialistas.

Entre el fútbol y los mataderos
El 19 de Julio de 1911, un entusiasta grupo de jóvenes se reunió en plena vía pública y resolvieron constituir su propio club al que denominaron rápidamente “Los Unidos de Nueva Chicago”, en referencia a la principal avenida del actual barrio de Mataderos que llevaba el nombre de Avenida Nueva Chicago. Conversando luego sobre los colores que llevaría la camiseta, siempre reuniéndose en plena calle, vieron pasar una camioneta cargada con fardos de pasto con destino seguro a los mataderos de la zona, y en uno de los costados el vehículo estaba pintado de verde con rayas negras. Al verlo, el señor José M. Varela (uno de sus fundadores), exclamó: ¡Ahí tenemos los colores para nuestro club!. Con el tiempo el club pasó a llamarse simplemente Club Atlético Nueva Chicago.

Un pueblo, un club
Un grupo de profesionales y comerciantes ingleses residentes de Banfield decidieron fundar un club, al que bautizaron con el nombre del pueblo que habitaban. Este nombre respondía al de la estación del ferrocarril, establecida en 1873 en honor a Edward Banfield, quién fue el primer gerente de la empresa Gran Ferrocarril Sur.

Lanús United y El Progreso
El Progreso y Lanús United eran dos equipos del partido bonaerense de Barracas al Sud, actualmente conocido como Lanús. Corría ya el año 1915, cuando deciden fusionarse para evitar un inminente cierre de ambos, debido a la crisis terminal que sufrían, de ahí en más bautizan al nuevo emprendimiento como Club Atlético Lanús.
Acerca del color granate que se le asignó a su camiseta hay diversas opiniones. Para muchos fue granate desde el principio, y establecen que algunos de sus fundadores eran oriundos de la ciudad española de Pontevedra y escogieron ese color en homenaje al club de aquellos pagos. Otros sostienen que se eligió ese singular color para diferenciarse de los demás clubes, en los cuales abundaban el rojo, negro, verde, blanco, azul y celeste en sus variadas combinaciones.

Alumnos fundadores
Si bien eran compañeros de escuela y amigos, sabían que tenían que constituirse como un club para fortalecer esa pasión que los vinculaba. El nombre para dicho club surgió a raíz de uno de los personajes que acababan de conocer debido a historia, materia que cursaban en ese momento. De allí tomaron el nombre de Colón, ya que en esa época estaban estudiando todos sus viajes. Finalmente el 5 de mayo de 1905, decidieron bautizar su sueño con el nombre de Colón Foot- ball Club. Luego, en Asamblea general Extraordinaria realizada en marzo de 1920 fueron aprobados los nuevos estatutos y la sustitución del nombre por el simple Club Atlético Colón. Los colores para la institución, izquierdo negro y derecho rojo, fueron tomados de una barcaza que se encontraba en reparación en las inmediaciones del campito donde jugaban.

Sólo sabemos que no sabemos nada

Todos los apasionados del fútbol creemos saber todo acerca de este popular deporte. Nos sentimos directores técnicos de cualquier equipo. Así, fácilmente, podemos dilucidar, por ejemplo, la mejor formación titular, los cambios de los jugadores en los momentos más oportunos, los distintos sistemas tácticos empleados a lo largo del partido. Pero, sobre todo, opinamos críticamente sobre la labor de los árbitros. Sin embargo: ¿Cuánto conocemos verdaderamente de fútbol?, ¿Sabemos todas las reglas que rigen para un encuentro futbolístico?.
A partir de este pequeño artículo trataremos de demostrarle que antes de insultar o criticar al árbitro tendría que aprender algunas curiosidades del reglamento:
- Situación 1: En un partido hay un bote a tierra, popularmente conocido como “pique”, pero en vez de posicionarse frente al balón un jugador de cada equipo, lo hacen 7 de un lado y 9 del otro. ¿Está permitido eso? ¿Usted que cobraría?.
Si, está permitido. El reglamento dice bien claro: “El árbitro dejará caer el balón en el lugar en donde se hallaba cuando fue interrumpido el juego. El juego se considerará reanudado cuando el balón toque el suelo”. Como se habrá dado cuenta, no aclara en ningún momento sobre la cantidad de jugadores participantes.
- Situación 2: En plena acción de juego, un defensor cambia el puesto con el arquero. Por lo tanto, este jugador se coloca los guantes y se posiciona debajo del arco y el verdadero arquero empieza a cumplir la función del ex defensor. ¿Qué sucede ahora? ¿Qué dice el reglamento?
“Si un jugador cambia de puesto con el guardameta sin la autorización del árbitro antes de efectuar el cambio se continuará jugando y los jugadores en cuestión serán sancionados con la tarjeta amarilla inmediatamente después de la próxima interrupción del juego”.
- Situación 3: Cuántas veces hemos escuchado por parte del periodismo deportivo en particular y de la opinión pública en general el latiguillo de “la expulsión por último hombre”. Pero, ¿Esto es cierto, sólo se debe expulsar al jugador cuando es el último eslabón antes del arquero?. También conocido como la “Ley del último recurso”. Veremos que obliga el reglamento: “Es una falta sancionable con expulsión la que malogre la oportunidad manifiesta de marcar un gol a un adversario que se dirige hacia la meta del jugador mediante una falta sancionable con tiro libre o penal”. Nada dice del último hombre.
- Situación 4: ¿Qué cobraría usted si un defensor ante una falta de un atacante ejecuta el tiro libre indirecto con un pase a su arquero, pero sin embargo, éste se encuentra conversando con un amigo de la infancia que se encontraba en la tribuna y la pelota suavemente se dirige hacia el arco ante el grito de la multitud y de los propios jugadores que no logran evitar que la pelota ingrese? Yo cobraría gol, y seguramente usted también, pero… ¿que dice el reglamento? Sorpresa.
“Si se introduce directamente un tiro libre indirecto en la propia meta, se concederá un saque de esquina al equipo contrario”. ¿Raro no?, seguramente usted no se hubiera detenido ni un segundo en su avalancha de insultos al pobre juez que sólo aplicó el reglamento.
- Situación 5 (y última): Debido a la crisis económica que atraviesan la mayoría de los clubes nacionales, han surgido numerosas maniobras para lograr algún billete más, y debido a eso, la publicidad acecha por todos lados. Es común observar en equipos del ascenso y categorías menores, o en algunos equipos denominados “chicos” de Primera, publicidad en su indumentaria que por momentos casi dificulta la distinción de los colores de la propia camiseta. Los sponsors aparecen tanto en la casaca como en pantalones, y hasta en las medias, en algunos casos. Sin embargo, aunque muchos dirigentes lo desconozcan o ejerciten de distraídos, el reglamento exige lo siguiente: “Sólo se permite la publicidad en las camisetas de los jugadores, y no en los pantalones o medias”. Concreto y conciso, no despierta ninguna duda, sin embargo, poco se respeta en nuestro fútbol doméstico. Cómo éstos hay numerosos ejemplos más que demuestran que, parodiando a Sócrates, sólo sabemos que no sabemos nada de nuestro fútbol. O, en todo caso, poco.

O si tal vez ni fuera

... Y si tal vez.
Si tal vez tu ostentación no sólo beneficiara a favores de bolsillo;
O si tal vez tu percepción traspasara la frontera de los lujos.
O si tal vez tu honestidad simulara lo inocultable.
No sólo aquello, sino tal vez no demostraras lo inalcanzable de tu “clase”.
Y si tal vez tu morbosidad financiera no destruyera los sueños del que poco o nada tiene.
No. No es sólo ello, es tu imagen, la imagen.
No, no es sólo aquello.
O que tal vez tu sensibilidad se vea levemente afectada a un niño sin rueditas, a un padre sin motor, a una madre sin escape.
No, es más de aquello, ¿quién lo sabe?.
Si tal vez cedieras indiferente ante una mano callosa o ante una mano pudiente.
Pero, ¿quién lo sabe?.
Si por lo menos nuestras vistas se cruzaran, nuestros ojos se observaran, nuestros oídos se escucharan;
No, no sólo aquello. O si, tal vez.
Si tal vez nos conociéramos.
Pero... ¿quién lo sabe?.

GoLpE a GoLpE (Autobiografía)

Nací en el septiembre del retorno de la democracia, mas precisamente un veintinueve. Esto es primordial, pues con el simple hecho de haber nacido otro día, sencillamente, sería otro. Y no es poca cosa, siempre pensé que la cosecha individual se va nutriendo con los sucesos que permanentemente nos tocan. Y de eso esta hecho uno...
A mis viejos los encontré en plena construcción, pues el diminuto ambiente de la calle Estomba no resistiría otra compañía mas allá de la pequeña Laura. Y así fue, mis primeros pasos los di esquivando ladrillos y respirando polvo entre albañiles y maestros de obra que miraban sorprendidos el avance del intrépido Martín. Tuve una infancia tranquila, peloteando los frentes de casas vecinas con amigos del pasaje, todo era felicidad hasta que salía Nilda, ya reconocida por su apodo casi popular, la “loca” de enfrente. Mi hermanita menor y mas “negrita”, seguramente por herencia materna, fue llamada Celia. Me encontró en pleno jardín de infantes, disfrutando de mis apreciados bloques de madera, transformados por propia voluntad en grandes construcciones o pequeñas casas. Toda mi primaria la realicé en una escuela estatal, sobre la calle Juramento, donde el doble turno exigía un almuerzo abundante en casa propia, para después, sí, con panza llena, completar las inagotables tres últimas horas. Con el crecer nuestro, la casa mutaba para ofrecer nuevos refugios, así fue como cada uno tuvo su lugar, siempre transitando por largas jornadas de martillazos y cemento. Era costumbre: la casa se agrandaba con la llegada de los señores enchastrados. La finalización de la primaria, abrió en mi un gran interrogante, la “secundaria”, ese mundillo desconocido y por momentos temible, justificado por las exageraciones constantes de toda maestra de grado. Finalmente, la elección recayó sobre el “Avellaneda” (como lo renombrábamos todos los estudiantes, como si el articulo engrandeciera la figura del colegio). Las discusiones de tono político con un alto grado de inocencia eran una constante en aquellas obligadas reuniones del centro de Estudiantes, donde las disputas internas entre bandos requería una parcialidad definida. De aquellos años me quedan los más grandes amigos, y el conocimiento de personas únicas, tanto docentes como compañeros estudiantes. El viaje de egresados fue un lujo, como si fuera el cierre distintivo de una etapa más que agradable. Cuba nos recibió con su baile y sus sonrisas a pleno, me tocó transitar un país duro, lleno de flaquezas desde lo material pero espiritual y humanamente extraordinario. De esta manera fue como concluí uno de los años mas plenos de mi corto camino, pues no es de despreciar que ese mismo año la academia salió campeón, luego de unos frustrantes treinta y pico de años, y la gente de mi país (que por primera vez sentía un orgullo pleno de pertenencia) despertó después de una prolongada siesta un diecinueve de diciembre. Por otro lado, era una constante las dudas sobre mi futuro universitario, el tiempo pasaba y la decisión no aparecía, entonces llegó la elección: siempre me gustaron las crónicas periodísticas, y dije: -algo como periodista, por que no? es al día de hoy que todavía no se el rumbo definitivo de mi carrera, pero aquí estoy, estudiando Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y periodismo deportivo en Deportea. Mas allá del estudio y del trabajo, el contagio de mis hermanas artistas, bailarinas de vocación, me condujo hacia la música, pues la batería era un sueño anhelado desde pequeño. En esas épocas, de cuando en cuando, le robaba cacerolas y tapas a mi vieja y surgía la mas desafinada de las improvisadas baterías. La insistencia hasta el llanto fue una constante en toda mi niñez. Y fue de este modo como logré, por ejemplo, mi ansiada batería. Con los años la vocación crecía y la batería económica y nacional le cedió su lugar a una elegante importada. No sólo los ruidos se hicieron presentes en mi vida. Luego amplié el rubro y estudié percusión. Por otra parte, siguiendo mi locura interna me conduje hacia el teatro, los personajes ridículos y extravagantes fueron desarrollándose a través de las improvisaciones que a cada fin de año daban como resultado pequeñas obras y grandes proyectos, en busca de la sonrisa infantil o la inquietud de los mayores. Desde pequeño con las construcciones, hasta adulto con la percusión, este camino fue un constante golpe a golpe.