Todos los apasionados del fútbol creemos saber todo acerca de este popular deporte. Nos sentimos directores técnicos de cualquier equipo. Así, fácilmente, podemos dilucidar, por ejemplo, la mejor formación titular, los cambios de los jugadores en los momentos más oportunos, los distintos sistemas tácticos empleados a lo largo del partido. Pero, sobre todo, opinamos críticamente sobre la labor de los árbitros. Sin embargo: ¿Cuánto conocemos verdaderamente de fútbol?, ¿Sabemos todas las reglas que rigen para un encuentro futbolístico?.A partir de este pequeño artículo trataremos de demostrarle que antes de insultar o criticar al árbitro tendría que aprender algunas curiosidades del reglamento:
- Situación 1: En un partido hay un bote a tierra, popularmente conocido como “pique”, pero en vez de posicionarse frente al balón un jugador de cada equipo, lo hacen 7 de un lado y 9 del otro. ¿Está permitido eso? ¿Usted que cobraría?.
Si, está permitido. El reglamento dice bien claro: “El árbitro dejará caer el balón en el lugar en donde se hallaba cuando fue interrumpido el juego. El juego se considerará reanudado cuando el balón toque el suelo”. Como se habrá dado cuenta, no aclara en ningún momento sobre la cantidad de jugadores participantes.
- Situación 2: En plena acción de juego, un defensor cambia el puesto con el arquero. Por lo tanto, este jugador se coloca los guantes y se posiciona debajo del arco y el verdadero arquero empieza a cumplir la función del ex defensor. ¿Qué sucede ahora? ¿Qué dice el reglamento?
“Si un jugador cambia de puesto con el guardameta sin la autorización del árbitro antes de efectuar el cambio se continuará jugando y los jugadores en cuestión serán sancionados con la tarjeta amarilla inmediatamente después de la próxima interrupción del juego”.

- Situación 3: Cuántas veces hemos escuchado por parte del periodismo deportivo en particular y de la opinión pública en general el latiguillo de “la expulsión por último hombre”. Pero, ¿Esto es cierto, sólo se debe expulsar al jugador cuando es el último eslabón antes del arquero?. También conocido como la “Ley del último recurso”. Veremos que obliga el reglamento: “Es una falta sancionable con expulsión la que malogre la oportunidad manifiesta de marcar un gol a un adversario que se dirige hacia la meta del jugador mediante una falta sancionable con tiro libre o penal”. Nada dice del último hombre.
- Situación 4: ¿Qué cobraría usted si un defensor ante una falta de un atacante ejecuta el tiro libre indirecto con un pase a su arquero, pero sin embargo, éste se encuentra conversando con un amigo de la infancia que se encontraba en la tribuna y la pelota suavemente se dirige hacia el arco ante el grito de la multitud y de los propios jugadores que no logran evitar que la pelota ingrese? Yo cobraría gol, y seguramente usted también, pero… ¿que dice el reglamento? Sorpresa.
“Si se introduce directamente un tiro libre indirecto en la propia meta, se concederá un saque de esquina al equipo contrario”. ¿Raro no?, seguramente usted no se hubiera detenido ni un segundo en su avalancha de insultos al pobre juez que sólo aplicó el reglamento.
- Situación 5 (y última): Debido a la crisis económica que atraviesan la mayoría de los clubes nacionales, han surgido numerosas maniobras para lograr algún billete más, y debido a eso, la publicidad acecha por todos lados. Es común observar en equipos del ascenso y categorías menores, o en algunos equipos denominados “chicos” de Primera, publicidad en su indumentaria que por momentos casi dificulta la distinción de los colores de la propia camiseta. Los sponsors aparecen tanto en la casaca como en pantalones, y hasta en las medias, en algunos casos. Sin embargo, aunque muchos dirigentes lo desconozcan o ejerciten de distraídos, el
reglamento exige lo siguiente: “Sólo se permite la publicidad en las camisetas de los jugadores, y no en los pantalones o medias”. Concreto y conciso, no despierta ninguna duda, sin embargo, poco se respeta en nuestro fútbol doméstico. Cómo éstos hay numerosos ejemplos más que demuestran que, parodiando a Sócrates, sólo sabemos que no sabemos nada de nuestro fútbol. O, en todo caso, poco.


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