martes, 3 de junio de 2008

LoS MiNiCuEnToS -3-

EL DÍA DE LA TRAGEDIA

Y fue ese día... cuando el subte decidió no devolver la misma cantidad de personas que ratos antes había cruzado el molinete. Y fue ese día cuando cansada de su prolongada costumbre bulímica, la boca del subte devoró de un bocado a la cultura oficinista, que visiblemente confiada se movilizaba sin siquiera pensar en dicha posibilidad, la de nunca regresar.

BARRIENDO EL PISO

En el día de la mas tremenda caída de la bolsa en el ámbito nacional, todos los accionistas estaban destruidos, amargados. Algunos se sostenían de pie, otros de las paredes, y unos pocos, ocultaban su cabeza sobre las largas mesadas, imaginando un futuro marginal. Enseguida, el empleado de limpieza entró al gran salón y comenzó con su rutina diaria, miró hacia el piso y comenzó a barrer. Fue en ese instante, acompañado de su pala, cuando intentó levantar la moral de todos aquellos accionistas defraudados por la cotización del día. Pues la moral de ellos estaba por el piso.

EL ARREPENTIDO

José Raicovich era uno más... Uno más de los que día tras día amanecía somnoliento, bajo el frío invierno del puente de la calle Rossevelt. Como tantos, acomodaba con oficio de hormiga sus pocas pertenencias, y se lavaba los dientes en espejitos de camiones que comúnmente estacionaban en la cuadra. No era de extrañar que José dijera con prédica evangelista sus andanzas y sus buenos pasares económicos a lo largo de sus años. Todo transeúnte distraído que se le cruzara era posible víctima de su extenso monólogo. Entre las tantas y variadas anécdotas que contaba con detalle minúsculo en su relato, no pasaba inadvertido (y era repetido, cual si fuera loro brasilero) su profundo arrepentimiento de un hecho concreto que lo marcó y lo dejó en su precaria situación actual. En su cara de tristeza se notaba el recuerdo imborrable de aquélla noche de alcoholes, en la cual sumergido en un ataque de nervios y locura incontrolable decidió tirar... su casa por la ventana.

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