Uno de los mayores escándalos en la historia de los Juegos Olímpicos sucedió en México `68. En la coronación de la competencia de 200 metros, los atletas negros estadounidenses Jhon Carlos y Tommy Smith levantaron sus puños enguantados en color blanco en el podio, para manifestar el repudio a la discriminación racial sufrida en Estados Unidos. A raíz de este hecho, ambos deportistas fueron expulsados de la concentración norteamericana por sus directivos, lo que desencadenó una mayor deserción de atletas compatriotas, que se habían solidarizado con la causa.Sin embargo, previo a aquellos juegos, entraron a escena otros guantes blancos que, contrariamente, significaron la represión y la matanza en la capital mexicana. Tan sólo quince días antes y a 25 kilómetros de distancia de ese polémico gesto denominado "el poder negro" por los medios, el batallón olimpia -un escuadrón paramilitar creado como fuerza de seguridad para los Juegos Olímpicos- dió las señales para que militares comenzaran una balacera de disparos contra más de 15.000 estudiantes y trabajadores que se manifestaban en la plaza de las "Tres Culturas", en el barrio de clase media Tlatelolco, lo que generó la muerte de decenas de manifestantes, centenares de heridos y miles de detenidos.
En el anochecer del 2 de octubre de 1968, los miembros del batallón, camuflados entre la multitud de estudiantes y obreros, y sólo reconocibles por portar un guante blanco en su mano izquierda para que los militares los idenftificaran, llegaron hasta el edificio "Chihuahua". Allí se encontraban los oradores del movimiento y varios periodistas y se apostaron de francotiradores. Se cree que al recibir la señal desde un helicóptero militar con una bengala, los francotiradores comenzaron a disparar contra los estudiantes y contra el propio ejército para provocar confusión y una reacción armada y "justificada" por parte de los militares. Estaba todo planificado para que se creyera que los que originaron la tragedia fueran los manifestantes. Y así lo reflejó la crónica periodística del diario "La Prensa", en su tapa de la edición del 4 de octubre de 1968, cuando tituló: "México: controla la zona de Tlatelolco el ejército", y en la bajada añadió:
"Habría decenas de muertos y más de 100 heridos del choque con los estudiantes". Sin embargo, lo más significativo se redactó en el primer párrafo de la nota: "Tropas del ejército silenciaron finalmente hoy a los francotiradores estudiantiles en la Plaza de las Tres Culturas y asumieron el control total del complejo edilicio de Tlatelolco, desalojando a sus moradores". Estaba en claro que los francotiradres eran estudiantes. Por su parte, "La Nación", en su edición del 3 de octubre, señaló: "Los soldados abrieron fuego esta noche sobre 15.000 personas que participaban en una manifestación en el barrio norte de la capital".Todo había comenzado algunos meses antes de aquel fatídico 2 de octubre. Las manifestaciones, desde los comienzos del conflicto hasta aquella noche, fueron cada vez más populares y radicalizadas. Los estudiantes comenzaron a recibir el apoyo de los obreros y de los vecinos de Tlatelolco. Por su parte, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz veía como el conflicto se acrecentaba y se le escapaba de sus manos, a muy poco tiempo de la celebración de los Juegos Olímpicos, el evento de mayor cobertura de medios a nivel internacional junto a los mundiales de Fútbol. La semana del 26 de julio de 1968, varios establecimientos educativos del Distrito Federal comenzaron un paro de actividades en proclama de una mayor autonomía universitaria. El ejército, por orden gubernamental, ingresó a la fuerza a varias de las escuelas. Javier Barros Sierra, rector de la Univerdidad Nacional de México (UNAM) en aquellos años, pronunció el 30 de julio un duro discurso donde condenó publicamente la metodología del gobierno y a los militares. También exigió la liberación de todos los presos políticos que habían sido arrestados. Casi un mes después, el 26 de agosto, se escucharon los primeros insultos al presidente méxicano, Díaz Ordaz, en una multitudinaria movilización al zócalo capitalino. Por sugerencia de un orador, centenares de manifestantes decidieron quedarse frente al palacio a esperar el informe presidencial que había sido anunciado. Sin embargo, la espera no fue en paz. En la madrugada del 28 de agosto tanques militares salieron desde el Palacio Nacional y dispersaron a los manifestantes. La persecución y la represión continuaba. El conflicto crecía y cada vez sumaba más voces a favor de los estudiantes. Dos semanas después se convocó a una "La marcha del silencio", en la cual los manifestantes marcharon con pañuelos en la boca, en referencia a la represión y persecución que sufrían por, simplemente, hacer oír sus reclamos. El presidente omitía cualquier replanteo y mientras tanto, la fecha de inauguración olímpica se acercaba. Fue para el 18 de septiembre cuando el ejército, en un intento de neutralizar la protesta, invadió la Ciudad Universitaria. Esto no hizo más que aumentar la tensión y las adhesiones a los estudiantes. Cada vez eran más los trabajadores y vecinos de Tlatelolco que apoyaban en práctica a los disidentes del gobierno. El 24 de septiembre el ejército también toma por asalto la sede del Instituto Politécnico Nacional (IPN). El copamiento militar terminó el 1 de octubre, cuando por orden de Díaz Ordaz, los militares se retiran de la UNAM y el PIN aduciendo un tratado de tregua con los estudiantes.
Así fue como se llegó a ese 2 de octubre, donde los manifestantes y vecinos se aglomeraron en la
Plaza de las Tres Culturas para victoriarse por la retirada del ejército de las universidades. Dificilmente se pueda corroborar la cantidad de muertos de aquel día. Fuentes gubernamentales aseguran que fueron entre 40 y 50. Sin embargo, familiares e investigadores calculan en más de 300 las víctimas. En 1968, el gobierno reportó, solamente, 20 fallecidos.Y así fue como entraron en acción los otros guantes blancos, los que pocos recuerdan de aquel México ´68. Aquellos guantes de la represión y la matanza.


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