martes, 3 de junio de 2008

GoLpE a GoLpE (Autobiografía)

Nací en el septiembre del retorno de la democracia, mas precisamente un veintinueve. Esto es primordial, pues con el simple hecho de haber nacido otro día, sencillamente, sería otro. Y no es poca cosa, siempre pensé que la cosecha individual se va nutriendo con los sucesos que permanentemente nos tocan. Y de eso esta hecho uno...
A mis viejos los encontré en plena construcción, pues el diminuto ambiente de la calle Estomba no resistiría otra compañía mas allá de la pequeña Laura. Y así fue, mis primeros pasos los di esquivando ladrillos y respirando polvo entre albañiles y maestros de obra que miraban sorprendidos el avance del intrépido Martín. Tuve una infancia tranquila, peloteando los frentes de casas vecinas con amigos del pasaje, todo era felicidad hasta que salía Nilda, ya reconocida por su apodo casi popular, la “loca” de enfrente. Mi hermanita menor y mas “negrita”, seguramente por herencia materna, fue llamada Celia. Me encontró en pleno jardín de infantes, disfrutando de mis apreciados bloques de madera, transformados por propia voluntad en grandes construcciones o pequeñas casas. Toda mi primaria la realicé en una escuela estatal, sobre la calle Juramento, donde el doble turno exigía un almuerzo abundante en casa propia, para después, sí, con panza llena, completar las inagotables tres últimas horas. Con el crecer nuestro, la casa mutaba para ofrecer nuevos refugios, así fue como cada uno tuvo su lugar, siempre transitando por largas jornadas de martillazos y cemento. Era costumbre: la casa se agrandaba con la llegada de los señores enchastrados. La finalización de la primaria, abrió en mi un gran interrogante, la “secundaria”, ese mundillo desconocido y por momentos temible, justificado por las exageraciones constantes de toda maestra de grado. Finalmente, la elección recayó sobre el “Avellaneda” (como lo renombrábamos todos los estudiantes, como si el articulo engrandeciera la figura del colegio). Las discusiones de tono político con un alto grado de inocencia eran una constante en aquellas obligadas reuniones del centro de Estudiantes, donde las disputas internas entre bandos requería una parcialidad definida. De aquellos años me quedan los más grandes amigos, y el conocimiento de personas únicas, tanto docentes como compañeros estudiantes. El viaje de egresados fue un lujo, como si fuera el cierre distintivo de una etapa más que agradable. Cuba nos recibió con su baile y sus sonrisas a pleno, me tocó transitar un país duro, lleno de flaquezas desde lo material pero espiritual y humanamente extraordinario. De esta manera fue como concluí uno de los años mas plenos de mi corto camino, pues no es de despreciar que ese mismo año la academia salió campeón, luego de unos frustrantes treinta y pico de años, y la gente de mi país (que por primera vez sentía un orgullo pleno de pertenencia) despertó después de una prolongada siesta un diecinueve de diciembre. Por otro lado, era una constante las dudas sobre mi futuro universitario, el tiempo pasaba y la decisión no aparecía, entonces llegó la elección: siempre me gustaron las crónicas periodísticas, y dije: -algo como periodista, por que no? es al día de hoy que todavía no se el rumbo definitivo de mi carrera, pero aquí estoy, estudiando Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y periodismo deportivo en Deportea. Mas allá del estudio y del trabajo, el contagio de mis hermanas artistas, bailarinas de vocación, me condujo hacia la música, pues la batería era un sueño anhelado desde pequeño. En esas épocas, de cuando en cuando, le robaba cacerolas y tapas a mi vieja y surgía la mas desafinada de las improvisadas baterías. La insistencia hasta el llanto fue una constante en toda mi niñez. Y fue de este modo como logré, por ejemplo, mi ansiada batería. Con los años la vocación crecía y la batería económica y nacional le cedió su lugar a una elegante importada. No sólo los ruidos se hicieron presentes en mi vida. Luego amplié el rubro y estudié percusión. Por otra parte, siguiendo mi locura interna me conduje hacia el teatro, los personajes ridículos y extravagantes fueron desarrollándose a través de las improvisaciones que a cada fin de año daban como resultado pequeñas obras y grandes proyectos, en busca de la sonrisa infantil o la inquietud de los mayores. Desde pequeño con las construcciones, hasta adulto con la percusión, este camino fue un constante golpe a golpe.

1 comentario:

Cheli dijo...

Orejón!!!
ya que me decís "negrita" me defiendo! ..
me encantó tu autobiografía.... me hizo trasladarme al recuerdo, al lindo recuerdo de la infancia que pasamos los tres con nuestros juegos casi siempre inventados.
Te faltaron un par de detalles... que tal vez son algo vergonzosos por eso no los publicaste, pero yo me voy a encargar de decirlos por acá... como cuando llegábamos de la escuela a casa, papá no había llegado lo teníamos que esperar en la puerta de calle, y nuestras vegijas algo ansiosas por dejar soltar ese fluido amarillo nos punzaban.. y es así que uno hacía campana y el otro se iba a mear (finoli finoli) al cantero "selvita" ese que estaba en la pared de casa, que después lo hicieron sacar.. no sé si por nuestros meos o porqué! ahora me agarró la duda... y sino recuerdo mal, alguna que otra vez aparte de ese pis... fué lo que viene después! jajajajaja

Te quiero muucho muuucho!

Tu hermanita... Chelita, negrita.
ehh gaaato! poné foto de familiaa.

escribí un bocha, y me dí cuenta que no podía comentarte si no tengo una cuentaaa!!! me hice una sólo para enviarte mi comentario.. que dipina.